Con bollitos y miel
Soy una de esas personas que no se guardan casi nada, que sienten la necesidad de explicar los terremotos a la gente cercana. De hecho, compartir las cosas buenas que me pasan y las emociones que me crean es en el fondo una manera de disfrutarlas más, de incrementar su grado de realidad, de hacerlas más palpables y más tangibles.
Sin embargo, hay algunas piedras preciosas que son sólo mías, que guardo con mimo y que protejo con todas las armas a mi alcance: el silencio, la abstracción. Porque el hecho de conservarlas en mi interior más suave hacen que sean exclusivamente para mí, significa no pervertirlas, no mutilarlas ni adornarlas, y que sean recuerdos completos, enteros y tan brillantes como los momentos que los gestaron. Callarlas es convertirlas en cicatrices internas que me hacen más yo, imperfecciones perfectas, detalles inimitables. No voy a compartir esas flores ni esas risas, ese olor y ese tacto. No quiero oir a nadie que me diga que no es para tanto, que me acerque los pies al suelo. No necesito segundas opiniones, planteamientos, razón.
Etiquetas: Introspecciones
1 comentarios:
y lo bien que hacés, hay sensaciones, sentimientos y momentos intransferibles, todo eso que te hace portadora de tu esencia.
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