Tormentas Paradigmáticas

Aquellas perturbaciones que se ajustan a mi propia idea mental del concepto tormenta...

martes, octubre 13, 2009

Los viejos diarios y la adolescencia que asalta como un monstruo feroz

Hoy, tras un fin de semana en casa de mis padres, me puse a releer los diarios que escribí cuando era una niña, entre los años 90 y 2000. Diez años que se resumen en cinco cuadernos gruesos, repletos de entradas de cine, cartas de amigos, recuerdos variopintos y textos cambiantes. Mi adolescencia entera en tinta azul de estilográfica que dibuja dudas, miedos y cambios en una caligrafía redonda, que a veces se inclina y con el paso de los años se empequeñece y se vuelve cursiva y en algunos tramos ilegible.

Leyendo mis propios textos, he recordado cómo amaba, qué sentía y qué era yo, avergonzándome y emocionándome a la vez por las banalidades y las trascendencias. Como Amélie Nothomb, tenía hambre. De sensaciones, conocimientos, experiencias, amor, de pura vida en definitiva. Construía mi mundo paso a paso, queriendo ser alguien diferente cada día, creyendo que cada fascinación era la auténtica. Pero no, claro. Sólo era una niña que la mayoría de las veces pensaba como una adulta que tenía claro que era aún una niña.

Ahora no puedo evitar sentir que soy otra persona, y me asalta una leve angustia, como una brida en la boca del estómago. Mezcla de nostalgia, vergüenza, irrealidad. Tengo 28 años y estos flashbacks me corroboran que nunca aprenderé a asumir las cosas y a revestirlas de irrelevancia, que siempre seré así, como una herida abierta.

viernes, abril 03, 2009

La ausencia injustificada

Ni esa, para mí nueva, actividad llamada facebook, ni los preparativos de algo que quería simple y se complica por momentos, ni el súbito pluriempleo, ni las horas que me roban el amor arrebatado y su ínclita presencia. Ni siquiera esta primavera que va y viene. Nada justifica el hecho de no escribir. Porque ser feliz no es motivo suficiente.

Debería haber narrado a su debido tiempo cómo me siento al despertarme y ver que mi vida es otra, que ha mutado sin dejar de ser la misma, caleidoscópicamente, convirtiéndose en algo tan bello que a veces me duele y me aterra a partes iguales. Tendría que dejar constancia día a día de las palpitaciones absurdas de mi corazón cuando me mira con su inmutable sonrisa. De eso y de todas las cosas pequeñas que me pasan cada día, porque esta ciudad es puro cambio para mí, y tiene esos detalles que me hacen amarla y odiarla con la intensidad con la que sólo se odia y se ama lo que se ha odiado y amado a partes iguales desde la niñez.

Me siento extraña, joven y vieja a la vez. Nostálgica, hipersensibilizada, llorona, delicada. Y a la vez, fuerte, mejor. A menudo me despierto y sé que he soñado que estaba en Barcelona, y entonces echo de menos de un modo raro mi ático amarillo, el primer espacio al que llamé mío, y donde no siempre fui feliz, pero a veces sí. Pienso de repente en personas a las que probablemente no vuelva a ver, como la señora Dolores, o Manuela, la portera. Y pienso en un paraguas rojo, y en los bichitos del polvo detrás del puf azul. Y en subir los cuatro pisos con bolsas de la compra. En la visita de Dani, en las noches de chicas. En las cenas sola, pegada al teléfono con H durante horas que parecían minutos. En las noches de domingo, mirándole y deseando que el tiempo no pasara. Y súbitamente, estoy aquí, a su lado, y temo que llegue un día en que la costumbre haga que no sea capaz de valorar lo cotidiano en su auténtica dimensión de extraordinario y de divino.

martes, enero 13, 2009

Planes

Estamos en la cama, como todas las noches, en ese instante previo a abalanzarnos el uno sobre el otro, y te miro a los ojos, desde muy cerca, oliéndote y sintiendo el peso y la calidez de tu mano en mi cintura, adaptándose a mis formas con la precisión de lo instintivo. Y sé, sin ningún género de duda, que eres tú, que siempre serás tú.

Y lo sé hasta el punto de ser capaz de comenzar una vida nueva a tu lado, de dejar atrás lo que yo era, y ser más yo misma que nunca. Acaricias mi pelo corto, y me susurras al oído que me amas. Cómo puede el mundo entero no enamorarse de ti. Parece ayer cuando nos conocimos, pero también parece siempre, y esa paradoja nos maravilla, que un año pueda ser tan largo, tan ancho, tan corto y tan sumamente vivido y gozado.

Así que nos casamos, el 15 de agosto.

lunes, diciembre 01, 2008

Punto bobo

No sé si es porque comienza a hacer frío de verdad, o porque estoy entrando en una de esas etapas marujiles, pero tengo unas ganas locas de ponerme a hacer punto.


NOTA: De momento, sólo bufandas, ni patuquitos ni nada que le pueda caber ni remotamente a un bebé. No es nada hormonal, parece, sólo artesanal.

miércoles, noviembre 05, 2008

Tras la mudanza viene la calma

Bueno, pues aquí estoy, más al sur. Sentada en un escritorio que me es aún nuevo, en una casa que supongo que un día sentiré como propia, pero en la que todavía me siento casi invitada. Es un cambio escogido, consciente, necesario, pero sin embargo, me sigue rodeando un tipo de nostalgia que desconocía, sin nombre y sin cimientos. Creo que iré a hablar con mi nuevo perro gigante, y hoy tampoco me pondré a limpiar.

NOTA: A todo esto, pudiera parecer que estoy triste. Nada que ver. Feliz con mayúsculas, porque puedo mirarle, tocarle y tenerle cada día, y el futuro cobra un nuevo significado.

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lunes, septiembre 29, 2008

Mudanza

Se trata de que yo voy metiendo en cajas lo que era mi vida, lo precinto y etiqueto, y un señor se las lleva, las mete en un camión y las deja en el guardamuebles en que va a convertirse la casa de mis padres, con 200 kilómetros por medio. Entonces cerraré la puerta, devolveré las llaves a la gente de la inmobiliaria y ese piso que ha sido durante cinco años mi rutina y mi cotidianidad será un piso vacío más, al que me vincule más bien poco. Seguramente, aprovecharán mi marcha para reformarlo y triplicar el alquiler. Me gustaría ser yo misma quien arrancase los espantosos azulejos del baño, con ese absurdo adorno de disney que tanto me horrorizó la primera vez que entré y que ya ni siquiera veo, a fuerza de verlo día tras día.

Tal vez dentro de un tiempo pase por delante del edificio y mire hacia arriba y piense "ahí vivía yo" y casi no pueda ni creérmelo, como me pasa con otras cosas, más corpóreas, de mi vida pasada y sin embargo, tan reciente.

De madrugones, malestares, impaciencias

Hoy, desde luego, no tengo un buen día. El despertador sonó cuando las calles recién se acostumbraban a que era de noche. Tuve que ponerme de pie de un salto, porque el primer tren de la mañana no entiende de "cinco minutitos más" de arrebujo en las sábanas. No tuve más remedio que separarme del nórdico calentito y de tu cuerpo ardiendo y lanzarme a una ducha rápida, un rápido desayuno y un rápido recoger de las cosas que quedaban por poner en la maleta. Posiblemente, haya sido el último madrugón de mierda post-fin de semana perfecto. Me quedan exactamente 32 días para deshacer allí esa misma maleta y convertir en mi (nuestro) hogar esas paredes. Como me dijiste anoche, amor, tras ese día de mudanza y camiones y cajas, está el resto de nuestras vidas.