Tormentas Paradigmáticas

Aquellas perturbaciones que se ajustan a mi propia idea mental del concepto tormenta...

viernes, noviembre 10, 2006

Being

Pasear, y que mi barbilla se levante a más de noventa grados respecto al sucio suelo que pisan mis botas negras. Caminar poniendo un pie delante del otro, y como si una fuerza invisible me tirara de los hombros desde atrás, erguirme y encoger el estómago. Una fugitiva hoja seca sobrevuela las cabezas despeinadas de las ocho de la tarde, y el olor de café caliente que sale de una puerta iluminada se pierde en el aire denso del centro. La absoluta liviandad de ser uno más. No soy alguien más. Soy yo, y eso es lo fundamental en ese fragmento reflectante de mi tiempo, el que transcurre cada día en esa acera, en ese trozo urbano incomparable, con sus rincones sucios, sus respiraderos del metro. Quisiera borrar las brumitas, los presagios, que las comisuras asciendan imparables curvando mi boca chiquita e hinchando las mejillas como dos manzanas. Me gustaría romper un paraguas, y acordarme de repente de Rayuela. Notar el corazón golpear el pecho como un puño airado en una puerta, sin espacio entre latidos. Que la yo que soy se desboque y se pierda, hacerme dueña de toda la locura, sentir que la vida no es sólo estar viva, sino también sentirse viva y saber que se está viva: morder, abrazar, gritar, besar.

La sangre roja roja, tan clara y líquida, de anémica, los dedos huesudos, blancos, largos, fríos. Unas uñas frágiles que ya nunca me muerdo pero que esmalto a menudo, y las pestañas que desearía inacabables y que sólo son rubias y finas, como el resto del vello que cubre mi cuerpo. Todo eso soy, un grupito de huesos y piel transparente, rellena de palabras que son huecas, con algunos volúmenes que sorprenden por inesperados. Diminutos pezones de color rosa, recodos y recovecos de epidermis tibia, pecas, ombligo y músculos infrautilizados, yemas que escriben acariciando las teclas, ojos que parpadean demasiado poco, orejas como de plastilina, una voz que no me reconozco. Ese es mi envase, pero yo soy otra cosa. No sé qué, pero otra cosa.

4 comentarios:

A las 10/11/06 16:51 , Blogger A-X ha dicho...

Diminutos pezones de color rosa, recodos y recovecos de epidermis tibia, pecas, ombligo y músculos infrautilizados, yemas que escriben acariciando las teclas, ojos que parpadean demasiado poco, orejas como de plastilina, una voz que no me reconozco

Claro que sos otra cosa...

Gracias a Dios sos otra cosa...

Bellisimas letras...

Es bueno enamorarte, así sin más... Eso si.. no sos la unica

A.-

 
A las 10/11/06 18:25 , Blogger zorgin ha dicho...

aha, se le ve, se le nota, se le siente, se le disfruta...
es todo eso y además es...
decir "otra cosa" me parece vano y futil...

 
A las 10/11/06 22:02 , Anonymous Anónimo ha dicho...

Es un autentic plaer llegirte. Segueix aixi ;)

 
A las 11/11/06 22:24 , Blogger Alex ha dicho...

Uno siempre es otra cosa, más de lo que otros ven, más de lo que nuestro cuerpo pueda mostrar, más de lo que las palabras puedan decir. Sin embargo, tus palabras fueron certeras y mágicas a la vez. Sos vos y menos mal y gracias a Dios.
A mí también me pegó esa imagen de Rayuela, los paraguas nunca han vuelto a ser los mismos para mí luego de Rayuela.
Besos enormes

 

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